19 de mayo de 2006

¡JROÑA QUE JROÑA!

Eso es lo que gritaba una abuela intentando convencernos de lo bueno que era tomar yogur griego.

A un número nada despreciable de españoles les ha pillado el toro. Salió el morcalo de los corrales y les cogió en la plaza comprando sellos. ¡Jroña que Jroña!... compren, compren, que les ofrezco una rentabilidad superior al 6%. Es decir, beneficios fuera de mercado. Si la deuda pública y los depósitos ofrecen un retorno de la inversión del 2%, y la inflación interanual supera ya el 3,9 % ¿a quién le cabe en el magín que otros sujetos puedan
ofrecer cuatro puntos porcentuales por encima de la media?

Se trata amigos de simple cultura financiera. Como siempre, la cultura. Antaño, las personas que no conocían el funcionamiento de los mercados invertían sus ahorros en la “libreta”. Tan sencillo como un depósito de dinero a plazo en una entidad de crédito. Llegado el vencimiento recogían el principal y los intereses devengados y al coleto. Ahora no. Hoy en día se da el dinero a un tercero “porque un amigo me ha dicho que dan muchos intereses” ¡Ja, ja, ja!

Hace pocos años media España se dedicó a comprar en el “Nuevo Mercado” acciones de empresas tecnológicas. Terra, Amadeus, Zeltia, etc. Empresas con un balance de risa. Tenían un PER –Price Earning Ratio- que no dejaba de sorprender. Su EBITDA -Earnings Before Interests, Tax, Depreciation and Amortization- para no salir del asombro, y el beneficio por acción –BPA- inexistente. Vamos, lo que en el argot bursátil se denominan “chicharros”. ¡Manoliiii, que he comprado 1000 “terras” a 30 euros y ya están a 110! Unas plusvalías latentes de escándalo, vaya. Lo malo es que si no desinviertes, esa ganancia potencial se puede convertir en una pérdida segura. Cual aprendiz de brujo, el español medio intentaba emular las hazañas bursátiles de Warren Buffet o de George Soros. Hasta que ¡Plof! La burbuja estalló y los accionistas vieron como se diluía su inversión en la nada. ¡Adios a los ahorros!

AFINSA, FORUM FILATELICOes más de lo mismo. Nadie da duros a peseta. Nadie. Así que amigos yo, como novillero que soy, no me dedico a aconsejar a mis conocidos operaciones de “management by out” en sus empresas. Ni les animo a comprar acciones en “small caps”, ni a suscribir contratos de SWAP para pasar el rato o de opciones sobre acciones, por muy atractivo que sea el activo subyacente.

Por cierto, eso de decir “tengo una hipoteca” ¡¡¡como que no!!!. Uno, al endeudarse con una entidad de crédito se convierte jurídicamente en prestatario. La hipoteca es una garantía real que afecta al bien, no a la persona. Así de fácil. No se tiene que devolver la “hipoteca” se devuelve el dinero. Y uno no se hipoteca. Es la vivienda la que queda afecta a la hipoteca. En caso de incumplimiento contractual la entidad crediticia tiene la facultad de dirigirse contra los bienes afectos en virtud de esa garantía. En roman paladino; que tu casa sale a subasta.

Por favor, si llega la abuela de la “Fabada Litoral”-ya saben, la de "dai prisa, dai prisa"- diciéndoles que inviertan en “commodities” no le hagan ni caso. Esta compinchada con la del yogur griego. !Jroña que jroña!

Finito de Aldatejada –A la sazón novillero-

3 comentarios:

Femme Fatale dijo...

Mientras que no tenga que salir de mi bolsillo parte de la indemnización que están intentando pedir... ¡pero qué morro!

Toisaras dijo...

Tuve
la enorme suerte de pasar varios años las vacaciones familiares en Oropesa del Mar, cuando aún era un pueblecito desconocido para todo el mundo, ni los de Madrid lo conocían en el año 1970, parecía un pueblo talmente sacado de Pacua y Naranjas de Manuel Vicent.
A esas vacaciones familiares, que suponían un mes entero fuera de casa, se acudía sin dinero en efectivo, solamente el necesario para que mi padre pudiera pagar la gasolina del inefable Seat 1430, la comida se hacía siempre en Villares del Saz, bajo el mismo negrillo año tras año.
El resto del dinero estaba ingresado en una cartilla de color amarillo, la Cartilla Postal, de ella y, en pequeñas extracciones mi padre pasaba un verano más que digno. Entonces te podías fiar hasta de Correos (!ó tempora ó mores!)en el pueblo más pequeño siempre que hubiera cartero ó en su defecto Oficina de Correos, sabías que con tu cartilla amarilla tu dinero estaba a buen recaudo, y eso que eran los tiempos del aceite de Redondela, Matesa y Sofico.
!!lástima que ahora los pisos se hacen sin ladrillos dónde esconder el jurdón!!
Fíjate que hasta me he emocionado al recordar la "jodía" libreta amarilla.

Anónimo dijo...

Que ha pasado con las subvenciones que les damos a las Asociaciones de Consumidores y Usuarios? ´¿Dónde han estado todo este tiempo?, por no decir de las Autoridades Administrativas. Este caso demuestra que los que "viven" de las OCUS deben dejar sus cargos e irse a casa.
PEÑAMONTE DE BRACARANDA.